El futbolista ha entrado en conflicto con su aseguradora y el Oporto, que se niegan a darle lo que considera que le corresponde por el accidente laboral.
El 2019 fue un año para olvidar para Sara Carbonero e Iker Casillas. Emplazados en Oporto, viviendo un sueño al verse más tranquilos sin la presión mediática que arrastraban desde hacía años, la salud les jugó una mala pasada. Ella recibió el diagnóstico de cáncer que paralizó su vida. Él sufrió un infarto de miocardio mientras vestía la camiseta de cancerbero del equipo local durante un entrenamiento. La alarma fue mayúscula y temió que sucediese lo peor, pero pronto desde el club tranquilizaron a las masas asegurando que todo se quedó en un susto.
Pero siete años después el asunto sigue coleando. Primero, porque el futbolista se queja de que el infarto le ha dejado secuelas con las que convive a diario. No se siente recuperado al cien por cien, como así aseguraba su médico del Oporto, pues encuentra dificultades en la movilidad y su cuerpo no reacciona igual a los esfuerzos. Pero también este revés vuelve a estar de actualidad después de que el jugador haya exigido a su aseguradora el pago de 3,7 millones de euros en concepto de indemnización.
El jugador ha puesto en conocimiento del Juzgado Laboral de Oporto su caso. Se queja de que su vida no ha vuelto a ser la misma y que arrastra secuelas importantes desde entonces. Por ejemplo, se ve incapacitado para correr más de 20 o 50 metros sin cansarse. También que tuvo que pasar por un largo proceso de recuperación y que no fue hasta pasados los primeros siete meses cuando recuperó cierto control en su vida. Desde entonces sigue tratamientos y toma medicación para prevenirle de males futuros y mantener controlados los presentes, como se recoge en el diario ‘Público’.
Pero no todos creen por lo que ha pasado. La aseguradora Fidelidade y el FC Porto pone en duda su testimonio. Primero, que el infarto fuese consecuencia del esfuerzo empleado durante el entrenamiento con su equipo. Pero también cuestionan que lo haya pasado mal en su recuperación y que arrastre secuelas por ello, lo que supuso el final de su carrera deportiva. Un conflicto a la hora de interpretar las evidencias que ha empujado a Iker Casillas a solicitar una indemnización de 3,7 millones de euros.
Pero desde la citada publicación se afirma que la aseguradora ya ha ingresado en su cuenta 1,5 millones de euros, lo que supone la cantidad máxima que se ofrece por accidentes laborales. También el propio club ha echado mano a su hucha y le abonó un millón de euros en nómina durante su periodo de recuperación. Creen que es suficiente pago y no están dispuestas a elevar la cifra. Es aquí donde llega el conflicto con el portero. Iker Casillas reclama la prestación por Incapacidad Total Permanente para el Trabajo Habitual, que eleva la cifra a 2,5 millones, es decir, un 70% de lo que debía haber cobrado en el club de no haber sufrido el infarto. (Fuente: La Razón)